Eso es perimenopausia: y tu pelo es el primero en avisar

Los sofocos te los esperabas.

Puede que hasta bromearas con ellos. Con tu madre, con tus amigas, con quien fuera.

Lo que nadie te contó fue lo demás.

Que te despertarías a las tres de la mañana, mirando el techo, sin ningún motivo.

Que llorarías por una tontería y al minuto estarías bien.

Y que un día, recogiéndote el pelo como siempre, la pinza cerraría distinto. Más floja. Con menos que sujetar.

La misma pinza de siempre. Menos pelo dentro.

La misma pinza de siempre, menos pelo dentro

Ahí lo pensaste por primera vez: a lo mejor no es casualidad. A lo mejor todo esto está conectado.

Lo está.

Puede que no todo te suene. Cada persona es un mundo, de hecho, si lo tuyo no es esto —si tu caída ha sido repentina y a puñados, pelo en la almohada, mechones en el cepillo, de un mes para otro— entonces tu explicación no está en este artículo.

Está en este otro: → Por qué se te cae AHORA si lo peor ya pasó

Pero si lo que notas es más silencioso —menos densidad, la coleta más fina, la pinza más floja—, sigue leyendo. Dentro de dos minutos entenderás lo que le pasa a tu pelo.

Y puede que alguien ya te haya dado su respuesta. El médico, casi sin levantar la vista. Una amiga, encogiéndose de hombros. O tú misma, para dejar de darle vueltas.

"Es la edad."

Tres palabras que suenan a punto final. Es la edad, es lo que hay, resígnate.

Pero hay algo que "la edad" no explica.

Tu madre, a tu edad, ¿tenía este pelo? ¿Y por qué a unas les pasa con 42 y a otras con 55?

"La edad" no es una respuesta. Es lo que se dice cuando nadie se ha molestado en mirar de verdad.

Así que vamos a mirar.

Qué le está pasando a tu pelo. Por qué ahora. Y qué puedes hacer hoy para frenarlo.

En los primeros capítulos de tu vida, los problemas con tu pelo eran otros. Una mala racha, una época dura, y tres meses después lo notabas en el cepillo.

Ahora miras atrás y casi lo echas de menos. Ojalá fuera solo eso.

Porque esto es distinto. No es una racha que viene y se va. Y no sabrías ni cómo explicarlo con palabras.

Deja que te las pongamos nosotras.

Durante treinta años tuviste un protector invisible. No lo sabías, pero estaba ahí.

Se llama estrógeno. Y una de sus tareas silenciosas era cuidar de tu pelo: mantener cada cabello creciendo más tiempo, más fuerte, más grueso.

Las fases del ciclo del pelo: el estrógeno alargaba la fase de crecimiento

En la perimenopausia, ese protector empieza a retirarse. No de golpe. A rachas. Un día está, otro no.

Por eso hay semanas mejores y semanas peores.

Y ahora viene lo que nadie te ha contado. Presta atención a esto, que es la pieza que te falta.

Y pasa algo que casi nadie te explica.

Sin ese escudo, cada pelo nuevo nace un poco más fino que el anterior. Un poco más corto. Un poco más débil.

Cada pelo nuevo nace más fino: no se cae, se encoge

No es que se te caiga a puñados. Es que tu pelo, poco a poco, se encoge.

Por eso la pinza cierra más floja aunque el desagüe no esté lleno. Ese era el misterio. Ya lo tienes resuelto.

¿Y qué puedes hacer hoy para frenarlo?

Vamos a ser sinceras contigo, porque nadie más lo está siendo.

No vas a quedarte calva. El pelo de esta etapa no desaparece como el de un hombre: pierde densidad, se afina, pero tu melena sigue ahí.

Y tampoco existe la cápsula mágica que te devuelva las hormonas de los veinte. Quien te la venda, miente.

Lo que sí puedes hacer es cuidar el terreno. Que cada pelo que nazca lo haga en las mejores condiciones posibles. Frenar lo que se puede frenar, y conservar lo que tienes.

Capirus no cambia el clima: prepara el terreno

Ahí es donde entra Capirus.

Un aceite capilar. Lo aplicas en el cuero cabelludo con un masaje de dos minutos, un par de horas antes de lavarte el pelo.

Y una aclaración, porque sé lo que estás pensando: aceite y pelo fino suenan mal juntos. Por eso Capirus no se queda: se aplica antes del lavado, trabaja mientras haces tu vida, y se va con el champú. Tu pelo no lo lleva puesto — lo aprovecha y punto.

No es un milagro. Sus dos activos principales —saw palmetto y semilla de calabaza— llevan años estudiándose precisamente en caída capilar. No los elegimos por bonitos.

Formulado en Laboratorios Duaner (La Rioja) y validado por el Dr. Alejandro Arroyo, del Hospital Regional Universitario de Málaga.

Un cuero cabelludo nutrido, con buen riego y sin sequedad, es la mejor condición posible para cada pelo que te queda y cada uno que está por nacer.

Mismo gesto. Más importante que nunca.

¿Y cuándo lo notas?

Hay dos respuestas, y te vamos a dar las dos, porque ya sabes que aquí no se maquilla nada.

La primera, desde el primer lavado: el pelo se ve más vivo, más suave, con ese brillo que hacía tiempo que no le veías. Eso es el aceite nutriendo, y se nota ya.

La segunda va por dentro y es más lenta: frenar la caída es cosa de constancia, de semanas y meses, porque el ciclo del pelo no entiende de prisas. Quien te prometa lo contrario, ya sabes qué está haciendo.

Y todo esto, sin pedirle nada a tu cuerpo.

Ni pasa por tu estómago. Ni toca tus hormonas. Decidas lo que decidas con tu médico, esto no interfiere: actúa en tu cuero cabelludo y de ahí no sale.

Por eso podemos ofrecerte lo que solo ofrece quien confía en lo que hace:

60 días de garantía. Dos meses de rutina —el tiempo que tarda un ciclo en empezar a notarse— y si no estás convencida, te devolvemos el dinero. Sin preguntas.

El pelo lo ve todo el mundo, la preocupación solo la conoces tú

Sin suscripciones. Sin permanencias. Si Capirus se queda en tu baño mes tras mes, será porque tu pelo te lo pide. Así queremos que sea.

La pinza será la jueza.

¿Aún con dudas? Haz el test de 2 minutos y descubre en qué punto está tu pelo.

QUIERO FRENARLO Identifica tu caída con un test de 2 minutos