Veía fotos de cuando salía de fiesta de joven, de los peinados que me hacía que ahora me parecen horrorosos. Pero en esa época no me paraba a pensar por un momento que tuviese poco pelo.
A los 50-51 años, estaba notando que mi cuerpo pasaba por una nueva etapa. Algunas le llaman perimenopausia, premenopausia… El caso es que empiezas a notarte más sensible, como que te afecta todo más, y a verte defectos que no te habías parado a pensar hasta ahora, o quizás no existían.
El primer sustoUn día, estaba en la peluquería para peinarme para el bautizo del hijo de una amiga, y me veo la piel de la cabeza, el cuero cabelludo, en un reflejo de luz, y me asusté. Al momento pensé que igual era un reflejo y que no era para tanto.
A los tres días, estoy lavándome el pelo y veo un gran mechón de pelo que tengo que poner pegado en la pared porque me atascaba la ducha. Ahí es donde me dije que tenía que hacer algo ya. Qué vergüenza ir por ahí pensando que estoy bien de pelo y no lo estoy.
Lo que probéFui a mi dermatóloga, me recomendó un champú con ketoconazol, porque la mayoría de casos sucede por irritación. Que si me veía mucho peor, cabía la opción de empezar un tratamiento con minoxidil. Te pones a leer sobre ello, y no me apetecía nada. Cinco minutos de consulta.
Recuerdo esa época como bastante mala con eso, probando unas gominolas al día de biotina, con el zinc, un aceite de romero… Seguía o incluso aumentaba mi caída, ya me daba la cabeza vueltas sobre sí misma de pensarlo.
Me daban vergüenza ciertos peinados; hasta ir a la peluquería, no me atrevía.
La peluqueraTenía una cena de trabajo, fui a la peluquería, y me daba una vergüenza del horror, pero le comenté a mi peluquera que me preocupaba la caída. Cogió, se fue un momento, volvió y me dio un bote de aceite. Capirus, se llamaba. Negro así, olía a vegetal total: menta, lavanda.

Me lo lavo dos o tres veces a la semana. Llevaba dos semanas, me paso por la peluquería: «Oye, Laura, que esto no me hace nada, eh. Un poco más suave, pero porque es un aceite. Pero pelos, los mismos: en la ducha, en la almohada, en el baño».
Me dijo: «Te prometo que yo no gano casi dinero con esto, pero tengo más de diez clientas a las que les va de maravilla. Solo que hay que aguantar un poco: el pelo tiene ciclo, como se te cae, se para de caer».
Ahí estaba, dale que dale al masaje, ya pensando que era otra cosa más que no me haría nada. Pasa el primer mes, estaba a punto de tirarlo a la basura y no saber nada más, y empiezo a ver que lavo la cama y había dos pelos solo. Voy a ver el baño, y la mitad de pelos por ahí de lo normal.
Casi 4 mesesYa llevo casi 4 meses y el cambio se nota. El momento donde más te alegras de haber empezado y aguantado es cuando te preguntan si te has hecho algún tratamiento en el pelo. Y a los dos minutos estoy contándole todo esto que cuento desde ahora.
Peinarse, ir a la peluquería, PENSARLO… es que qué cambio. Mi pelo ha dejado de ser mi mayor preocupación en esta etapa; tengo otras… como te imaginarás. Pero me siento súper bien con mi pelo y no tengo intención de dejar de usarlo.
Si estás como yo estaba, aguanta el primer mes.