Todas estamos aquí por lo mismo: cansadas y, lo que es peor, acostumbradas. Acostumbradas a despegar el mechón de la pared de la ducha, a los pelos en el desagüe, al cepillo de cada mañana. Desde Capirus no venimos a recordártelo. Venimos a contarte, de forma sencilla, por qué se produce, qué lo genera y —lo más importante— cómo frenarlo.
¿Por qué se produce?
Te preocupa la cantidad de pelo que se te cae. ¿Qué es lo primero que haces? Ir al médico. Vas al médico. Te hacen una analítica. ¿Y el resultado? ESTÁ TODO BIEN... hierro bien, porque siempre lo he tenido bien, o porque tomo estas pastillas con mal sabor que hace que me moleste la tripa. Tiroides bien, hormonas bien y vitaminas correctas.
Qué razón te da el médico, o la dermatóloga que llevas meses esperando: ESTRÉS. Una palabra, y para casa. Y tú te quedas con la pregunta de verdad sin responder: vale, ¿y ahora qué hago? Porque además hay algo que no te cuadra: la peor época ya pasó. Ahora duermes mejor, estás más tranquila... y sin embargo es AHORA cuando más pelo ves en el desagüe. Pues agárrate, porque justo ahí está la clave de todo: el pelo que pierdes hoy no es de hoy. Es de hace tres meses.
¿Qué lo genera?
Tu pelo no crece todo a la vez. Cada pelo tiene su propio ciclo: una fase larga de crecimiento, una pausa de descanso, y al final se suelta para dejar sitio a uno nuevo. Por eso perder 50 o 100 pelos al día es normal: son los que terminan su turno.
¿Qué pasa cuando atraviesas una mala época? Tu cuerpo entra en modo supervivencia. Y en modo supervivencia, el pelo no es prioritario. El cortisol —la hormona del estrés— manda a "descanso" de golpe a muchísimos más pelos de lo normal. Todos a la vez.
Pero ese pelo no se cae en el momento. Se queda dormido en su sitio, agarrado, entre dos y tres meses. Y cuando por fin se suelta, se suelta todo junto. Eso es lo que estás viendo ahora en el desagüe: no el estrés de hoy, sino el de aquella época. La tormenta pasó, pero la factura llega ahora.
Y si has dado a luz hace unos meses, esto te sonará el doble: el parto es el empujón más fuerte que existe hacia ese descanso. Mismo mecanismo, misma factura.
¿Cómo FRENARLO?
Primero, la buena noticia, porque la hay: tu folículo —la raíz de la que nace cada pelo— sigue vivo. No está dañado. Solo está pasando por un ciclo alterado.
Y aquí es donde te estarás haciendo la pregunta lógica:
"Entonces, si lo que lo causó ya pasó... ¿no basta con esperar?"
Ojalá fuera tan simple. Hay dos problemas con esperar.
El primero: el estrés no se fue del todo.
Aquella época pasó, sí. Pero el trabajo sigue ahí. La casa sigue ahí. La vida sigue ahí. Y cada nueva racha vuelve a empujar pelos al descanso... que verás caer dentro de tres meses. El ciclo se realimenta.
El segundo: la caída se convirtió en tu nuevo estrés.
Piénsalo. Cada ducha mirando el desagüe. Cada mañana contando pelos en la almohada. Ese agobio también es cortisol. Te preocupas por la caída, y la preocupación alimenta la caída. Es un pez que se muerde la cola, y esperando no se suelta.
Por eso las mujeres que solo esperan suelen contar lo mismo en los foros: "pensaba que se frenaría solo... y llevo así más de un año."
Esperar es dejarlo al azar. Ocuparse es otra cosa.
Y ocuparse empieza por entender una cosa muy simple: todo lo que le pasa a tu pelo ocurre en un sitio concreto. No en tu sangre —tu analítica ya lo confirmó—. En tu cuero cabelludo. Ahí vive el folículo, ahí se altera el ciclo, y ahí es donde hay que actuar.
Entonces, ¿qué necesita exactamente? Tres cosas...
Que actúe donde está el problema: tu cuero cabelludo, no tu estómago.
Que puedas mantenerlo cada día sin complicarte la vida.
Y que no te obligue a medicarte para siempre.
Con esas tres condiciones, el mercado se queda pequeño.
Las pastillas fallan la primera: van a la sangre, y tu analítica ya te dijo que ahí no falta nada.
Los champús no son suficientes: treinta segundos y por el desagüe. Precisamente.
Capirus nació de esta misma frustración.
¿Y qué hace exactamente? Tres cosas, y ninguna es magia.
Activa el riego de la zona. Un folículo es como una planta: sin riego, la raíz sufre. El masaje diario con el aceite estimula la microcirculación del cuero cabelludo.
Llega donde tiene que llegar. Está formulado para penetrar y absorberse en el cuero cabelludo, no para quedarse en la superficie como un champú.
Cuida el terreno. Un cuero cabelludo nutrido y sin sequedad es la base para conservar el pelo que tienes.
En la práctica: un masaje de dos minutos en el cuero cabelludo, un par de horas antes de lavarte el pelo. Un prechampú. Eso es todo.
Y una aclaración, porque sé lo que estás pensando: aceite y pelo que se cae suenan mal juntos. Por eso Capirus no se queda: se aplica antes del lavado, trabaja mientras haces tu vida, y se va con el champú. Tu pelo no lo lleva puesto — lo aprovecha y punto.
Formulado y estudiado en Laboratorios Duaner (La Rioja), y validado por el Dr. Alejandro Arroyo, del Hospital Regional Universitario de Málaga.
Y ahora, algo que casi ninguna marca te dirá:
Capirus no te devolverá el pelo que ya perdiste.
Quien te prometa eso en un frasco, te está mintiendo.
Lo que sí hace es lo que importa ahora: frenar la caída y cuidar el pelo que tienes.
Porque el pelo que conservas hoy, es el que tendrás mañana.
Al crearlo tomamos cuatro decisiones. Ninguna es la más rentable. Todas son las correctas.
Sin suscripciones.
Todo el mercado te ata a cuotas que luego cuesta cancelar. Nosotros no.
Queremos que nos elijas cada mes porque quieres, no porque no encuentras el botón de dar de baja.
Sin pasar por tu estómago.
Cápsulas para todo, cada día, durante años... tu digestión no tiene por qué pagar tu pelo.
Ni hoy, ni dentro de 20 años.
Sin tocar tus hormonas.
Ningún bloqueo hormonal, nada parecido al finasteride.
Tu equilibrio se queda como está.
Hecho en España, no solo ponemos la etiqueta aquí.
Ingredientes de origen natural, bajo la normativa cosmética europea, una de las más estrictas del mundo.
Y por eso podemos ofrecerte lo que solo ofrece quien confía en su producto:
60 días de garantía.
Pruébalo dos meses —justo lo que tarda un ciclo capilar en notarse— y si no estás convencida, te devolvemos el dinero. Sin preguntas.
Tu desagüe será el juez.
QUIERO FRENARLO Identifica tu caída con un test de 2 minutos